Respirar el otoño

Siento la respiración como una pequeña danza que me entrena a dejar pasar, a soltar, a abandonarme…y  el otoño  como la gran exhalación del calendario. Por esto traigo este respirar el otoño como una invitación a dejarse fluir ahora que entra la estación. Es evidente que no hay que esperar al otoño para hacerlo, pues siempre tenemos momentos en la vida en los que es necesario pararse a sentir lo que no nos es útil o lo que nos hace daño  y dejar ir.  Poner en este momento la atención es esta capacidad de nuestro organismo es una manera de apoyarnos en los ritmos de la naturaleza, de tomar consciencia de que no funcionamos independientemente de ella y sentir de una manera muy concreta esta idea tan aparentemente complicada de la unidad, de lo micro en lo macro.

Es habitual que bajo el golpe de una emoción  nos dejemos arrastrar. Puede ser unas horas, pero también  días, incluso años. La energía de la emoción se hace más densa y la sentimos en el cuerpo como  síntomas que  generan  sufrimiento.  El maestro Tokuda cita la historia de un gusano de seda y de una araña, ambos utilizan un hilo a lo largo de su vida; el gusano se enrolla en su hilo y termina siendo prisionero del mismo, desaparece totalemente en su capullo. En cambio, la araña utiliza su hilo como apoyo para tejer su tela. Se pasea libremente por su tela y posee un campo de visión muy amplio. Si compramos el hilo con las emociones, dos actitudes son posibles: somos sus prisioneros(esperando la metamorfosis!) o las consideramos una herramienta que nos ayuda a liberarnos.

Si tienes tiempo de parar ahora, te invito a sentarte  sobre una silla o en el suelo sobre un cojín. Si no, puedes volver a esta meditación cuando quieras.

Es una meditación que tengo entre mis apuntes y siento no poder citar de dónde la tomé. Con todo mi respeto y con la finalidad de que la disfrutes, la comparto…En esta práctica, experimentamos la emoción, pero no le damos la posibilidad de enraizar, dejamos que nos atraviese.

Espalda erguida. Los hombros caen y se abren. Alarga la nuca empujando con la coronilla hacia el cielo y cierra los ojos. Deja la respiración ocupar el espacio interior que te ofrece abandonando toda tensión superflua. Lleva toda tu atención al vaivén de tu respiración, sin intentar controlarla. Si guardas en tu interior esta noción de espacio interior, la caja se abre sola. El diafragma estará receptivo a los movimientos del aire y la respiración podrá instalarse naturalmente en el abdomen.  Ahora elije un sentimiento negativo preciso. La emoción negativa que domine en el momento: cólera, irritabilidad, inquietud. Angustia, miedo…. Si no sabes cuál es tu emoción dominante, es el momento de tomar consciencia. Con el fin de facilitar la visualización, piensa en una situación reciente durante la cual se manifestó esa emoción.  Tómate el tiempo de imaginarte en situación, encuentra mentalmente las palabras, los gestos, el eventual interlocutor, sin juzgar la situación. Cuando te sientas impregnad@, cuerpo y mente, de esta emoción, puedes sentir que parte exacta de tu cuerpo reacciona o qué síntomas típicos se presentan: latido del corazón, nudo en garganta o estómago, mandíbulas apretadas, tensión en los hombros, etc.

Continúa viviendo ese momento y conéctalo con la respiración: inspira de manera consciente y totalmente la emoción con todos los síntomas que la caracterizan. Acoge esta emoción en toda su manifestación, tan voluntariamente como respiramos el aire puro de las montañas.

A continuación, expira de manera consciente y totalmente todas las emociones propias a la emoción. No se trata de rechazarla sino de dejarla ir, de soltar.

En cada inspiración, absorbe la emoción en todas sus apariencias, En cada expiración, déjala salir. Llenas un espacio interior, un vacío y lo descargas para volver al vacio. En ese va y bien de la respiración y de la emoción, no hay más apego al hecho de tomar que al de dar.  Observa circular la emoción y sus manifestaciones, entrar y salir, sin ofrecerles ningún apoyo. Al cabo de algunos minutos de práctica, quizás observes que la emoción se ha disuelto. También puede ser que constates que necesites apoyo, que solo o sola es complicado. En  cualquiera de los casos serás más consciente, estarás más presente y conectad@.

Que tengas un feliz día

Carmen Porras